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Página 1 de 3 Con un perfecto equilibrio entre Belleza y Sustancia, el nuevo Fiat Bravo marca un gran paso adelante en el camino de modernización de la gama de productos de la marca. Como muestra de este extraordinario periodo de cambios, debuta justamente en este importante modelo el nuevo logotipo con el que Fiat – sin perder de vista su historia más que centenaria - se enfrenta a futuros desafíos. Se trata de un signo esencial pero rico en referencias a la tradición, creado con la idea de un “cambio en la continuidad” para representar, en clave moderna, un patrimonio humano y tecnológico del que pocas casas pueden presumir en el panorama del sector automovilístico. Identidad histórica junto con una competencia ingenierística de vanguardia, orgullo de su pasado y una renovada determinación por la innovación: en un contexto de estas características se ha desarrollado el nuevo Fiat Bravo, una atractiva berlineta italiana, de gran calidad, ágil y de una conducción divertida y competitiva por la elevada relación entre contenidos y precio. El nuevo Fiat Bravo es una “belleza concreta”, un automóvil que renueva los cánones estéticos de la tradición estilística italiana. Se ha diseñado para ofrecer a la clientela la sustancia de una seguridad y de una fiabilidad en sus niveles máximos, además del valor del placer de la conducción deportiva que todo el mundo se esperaba de un automóvil italiano. No es por casualidad que la presentación del automóvil se haya celebrado en el sugerente escenario del Estadio dei Marmi de Roma, la Ciudad Eterna, en el contexto de una de las obras arquitectónicas más relevantes del estilo Neoclásico. La estructura del estadio, que se encuentra dentro del Foro Itálico, fue construida en los años treinta por Renato Ricci (1896-1956), que decoró las gradas con decenas de estatuas de inspiración griega realizadas por jóvenes escultores desconocidos. El resultado final es un estadio extraordinario donde cada una de las figuras, esculpidas en mármol blanco, expresa la fuerza del gesto atlético envuelta en una refinada belleza. Y una de las características del artista neoclásico es justamente reproducir la realidad colocando la Belleza como ideal de perfección y de equilibrio, sin limitarse a copiar solamente la naturaleza, sino buscando poder captar su esencia intrínseca. Una elección que no ha sido casual, ya que esta corriente artística, desarrollada en Europa entre finales del siglo XIX y principios del XX, tenía como objetivo recuperar, en clave contemporánea, la estética, las formas, los materiales nobles, las técnicas de construcción y la pericia artesanal de la tradición grecorromana, cuna de las posteriores manifestaciones artísticas de la cultura occidental: desde la literatura hasta el teatro, pasando por la música y la arquitectura. |